¿Se puede asumir una responsabilidad tan grande como ser legislador a los 18 años? ¿Se puede elegir autoridades a partir de los 16 años? ¿Los jóvenes están capacitados y son responsables de las decisiones que deben tomar a temprana edad?

Varias preguntas que sirven de pretexto para abrir un debate profundo y serio. La discusión no debe caer en la banalidad etaria, debe ir más allá. No debemos caer en la discriminación por la edad o por los títulos académicos. Miren, hay asambleístas jóvenes que se han preparado y cumplen un rol excelente en la Asamblea. Pero hay otros, como el caso de Dominique Serrano, de la bancada de ADN, que ha servido para poner el dedo en la llaga al tema.

Foto tomada del portal de la Revista Vistazo

Pero también hay asambleístas adultos que no cumplen su rol, algunos ni van a las sesiones de comisiones o faltan recurrentemente al Pleno y lo peor de todo es que tampoco hacen su trabajo que es legislar y fiscalizar. Otros están llenos de títulos, pero tampoco cumplen con su compromiso político con los electores y el país.

Pero más allá de eso, hay algo de fondo y es el tráfico de influencias que se devela ahora en el legislativo. El garabato de Dominique le costó caro, a él, a su madre, a su hermano, a su tía y la onda expansiva recae sobre decenas de familiares de asambleístas y servidores públicos que trabajan en el Parlamento.

Pero no nos vamos a sorprender ni tampoco nos vamos a dar por enterado ahora. Esta mala práctica política de compadrazgo, piponazgo y tráfico de influencias es un secreto a voces en la Asamblea, ahora y antes, Pero no podemos hacernos los ciegos y quedarnos en la casuística y la coyuntura, en todas las instituciones del Estado pasa lo mismo, solo que ahora nos escandalizamos porque esto sucedió en la tan desprestigiada Asamblea, la tan manchada y mancillada “Casa de la democracia”.

Hay que reconocer que la propuesta de “vanguardia” que se propuso en la Constitución de Montecristi ahora nos pasa factura. Sobre todo, porque los mismos partidos políticos no forman a sus militantes, peor a los jóvenes. Ahí recae la mayor responsabilidad, porque no hay formación ni capacitación. Pero hay algo más grave, y es la postulación de los jóvenes como Dominique Serrano que no están preparados para asumir el cargo. Ahí empieza el error y la falta de ética, de los unos que lo toman a la ligera y no se preocupan por analizar si a quién postulan tiene las cartas credenciales para legislar y de los otros, que sabiendo que no están preparados para el cargo aceptan como si se tratase de una postulación al consejo estudiantil.

Foto tomada de Redes Sociales

Esto nos lleva a discutir también, la necesidad de reformas al Código de la Democracia, las mismas que se hicieron hace pocas semanas, pero no se trataron todos los temas relevantes, se concentraron en cambiar el método de asignación de escaños y, por error, o por ingenuidad, o por cálculos políticos coyunturales, eliminaron la obligatoriedad de la paridad de género en la presentación de listas para los diferentes cargos de elección popular, que por “fortuna” ya fue vetado por el Presidente y se mantendrá como estaba.

¿Hizo bien el presidente de la Asamblea, Niels Olsen, en solicitar la reforma al artículo 7 del Reglamento Interno de Talento Humano para prohibir la contratación de familiares de asambleístas y funcionarios públicos en el Parlamento?  ¿Acaso esa prohibición no está contemplada en la Ley Orgánica de la Función Legislativa? ¿Acaso no está estipulada en la Constitución que los asambleístas no pueden gestionar el nombramiento de cargos públicos?

La respuesta es sí. Entonces no es falta de normativas, no es falta de leyes. Quiere decir que en la institución donde se debería dar el ejemplo de transparencia, conocimiento de las normas, honestidad y ética, buscan la forma de aprovecharse del cargo e incumplir las leyes para beneficio personal y familiar.

¿Con qué cara se le puede reclamar a Dominique Serrano que su familia entera trabaje en la Asamblea si los de antes, y los de ahora, hacían y hacen lo mismo?

Foto tomada del portal Radio Pichincha

No obstante, no se puede soslayar o permitir que el hecho quede en meras reformas y discursos públicos para el aplauso de la tribuna, aquí se debe exigir que se investigue el tráfico de influencias y el posible nepotismo y que se apliquen las respectivas sanciones para quienes cometieron ese delito.

¿De quién es la responsabilidad?

La respuesta es obvia y contundente. De todos. Nos guste o no. Porque lo permitimos. Porque nosotros somos los que elegimos. Porque no exigimos mejores cuadros políticos. Y porque defendemos el derecho a la participación desde una visión de corto plazo, desde el show, desde la coyuntura y en los últimos años, desde el número de seguidores y likes en las redes sociales. No les hacemos un favor a los jóvenes, les hacemos un daño terrible. Así que cada uno debe asumir parte de la responsabilidad.

Para lograr una mejor clase política, una mejor representación y mejores gobernantes, nosotros le seguiremos poniendo EL DEDO EN LA LLAGA, a los garabatos y a la “viveza criolla”.