El domingo 16 de noviembre el mito Noboa se derrumbó. Su narrativa junto a los aires de superioridad política quedó enterrada con más del 60% de los votos, en las 23 de las 24 provincias del país. Se creían invencibles, pensaban que los jóvenes, las mujeres y los adultos seguían encandilados con los cantos de sirena de las campañas presidenciales anteriores.

Imagen tomada de la fanpage de ATV PLUS

Sin embargo, después de dos años de gestión, sin resultados concretos, los ecuatorianos despertaron del letargo que la propaganda oficial había inoculado. El rugido del soberano fue tan fuerte que enmudeció a ministros, analistas, encuestadoras, periodistas, medios tradicionales y portales digitales que gozan de las prebendas del poder.

Nadie atinaba a describir o explicar el escenario político electoral. Nadie encontraba lógica en la expresión popular. Y claro, es entendible, porque nunca salen de su burbuja. Blindan su metro cuadrado, sus oficinas y sus traslados oficiales, ya sea en caravanas oficiales o en Porsche de lujo, con vasallos dispuestos a aplaudir y solapar todas sus arbitrariedades.

El pueblo ecuatoriano mostró su rechazo, de la mejor forma que sabe hacerlo, en las urnas. Dijo NO a las 4 preguntas del referéndum y consulta popular, y también a la forma de gobernar de Noboa que ha estado plagada de improvisación.

Foto tomada de la web de Revista Vistazo

En un contexto de crisis, inseguridad, fragmentación institucional, social y política, Noboa y su equipo se aventuró en una empresa compleja. Buscaba legitimar el mito Noboa en las urnas. Pensó que el “apoyo” en las marchas para presionar a la Corte Constitucional o que la culminación del paro nacional sin dialogar con la CONAIE, pero con una represión brutal en los 31 días de las movilizaciones, le asegurarían una victoria electoral.

Seguramente las encuestadoras, contratadas por el ejecutivo, alimentaban el mito Noboa. Le convencieron que mantenía una alta aprobación popular, que era invencible, que sus opositores estaban derrotados y que era un buen momento para consultar al soberano.

Craso error. A partir de las 21:00, cuando el CNE, con la espuria presidenta de esa institución, Diana Atamaint, anunció los primeros resultados y tendencias, se vino la noche en la sede de ADN, donde el silencio, propio de este gobierno, reinó.

El presidente solo atinó a escribir un escueto mensaje en su cuenta de X, reconociendo los resultados y aceptando la contundente derrota. Después de eso decidió viajar a Estados Unidos, hasta ahora nadie sabe para qué o por qué. Según el secretario de la Administración Pública, José Julio Neira, que también es padre y madre a la vez en este gobierno, dijo que la agenda y el viaje son confidenciales.

Captura de pantalla de la cuenta oficial de Daniel Noboa

El fatídico 16N no faltaron los agenciosos asambleístas Niels Olsen, Mishel Mancheno y Valentino Centeno, que sin ruborizarse y sin guardar las distancias de la casi nula separación de poderes, intentaron hacer malabares discursivos para atenuar el chirlazo electoral que les propinó el pueblo en las urnas.

Que el gobierno no perdió decían los imberbes adláteres del régimen, el que perdió fue el país, osaron decir a viva voz y sin vergüenza. Unos decían que ganó el narco y los delincuentes y otros decían que ganó la manipulación, la desinformación y la inteligencia artificial. Ninguneando y rebajando a la nada la capacidad reflexiva de los electores.

Bueno, si el gobierno no perdió, como dicen sus seguidores y ministros, entonces ¿Por qué hubo cambios en el gabinete? ¿Por qué movieron las fichas ministeriales? ¿Para qué el refrito si están seguros que salieron “fortalecidos” e “incólumes” de la derrota?  

Dicho sea de paso, otro desatino del gobierno y su equipo al momento de nombrar a sus nuevas figuras, sin comprobar su idoneidad para asumir cargos públicos. El revolú que se armó en redes con la designación del locutor Álvaro Rosero como ministro de Gobierno, se puede considerar como otro revés político de Noboa. Sobre todo, porque el desahuciado es un ferviente odiador, es decir, cumplía con el perfil que caracteriza a esta administración.

El presidente es el sepulturero de su propio mito. Sus contradicciones, sus falacias, su populismo perverso y su poca claridad del presente y futuro, de lo que necesitan y quieren los ecuatorianos, lo llevaron a la tumba.

El pueblo entendió el engaño y decidió derrumbar el mito Noboa en las urnas. Por eso le dijo, de forma categórica, 4 VECES NO.