La mayoría de los ecuatorianos se preguntan ¿Cómo pasó la Tri del casi llegamos al Mundial al casi mejoramos la actuación del 2006? Hay muchas posibles respuestas, sin embargo, ninguna termina de convencer a los exigentes hinchas y es por eso que continúan buscando explicaciones en los malos técnicos, en los planteamiento tácticos erróneos, en la convocatoria de jugadores que no debían estar, en los que no fueron convocados, en los problemas a la interna del camerino y hasta en las absurdas amenazas a jugadores y los miembros de sus familias, para que no hagan una buena presentación ante el combinado mexicano en el mítico estadio Azteca. Pero la realidad es otra…
Cuando Jaime Iván Kaviedes anotó ante Uruguay aquel 7 de noviembre de 2001, sellando el empate 1-1 en el Estadio Olímpico Atahualpa, la afición ecuatoriana al fin respiraba con alivio. Había terminado el casi… casi clasificamos al Mundial Inglaterra 1966 y empezaba a escribirse otra historia, una en la que Ecuador sería un asiduo invitado de las copas mundiales de fútbol.

En el planeta fútbol ya no sorprende que Ecuador clasifique a la cita más importante del rey de los deportes, pues es un seleccionado que suele hacer un buen papel en las eliminatorias, incluso con partidos históricos que nos gustaría revivirlos como el 5-2 con remontada incluida contra Paraguay, cuando un jovencito Antonio Valencia saltó a la palestra; o el 6-1 a Colombia, escuadra que hoy está entre las protagonistas del Mundial norteamericano.
En este milenio se han celebrado siete copas mundiales, de las cuales la Tri clasificó a cinco, siendo la de Alemania 2006 su mejor presentación con un pase hasta octavos de final, fase en la que perdió 1-0 con gol de David Beckham, a quien lo vimos a un lado de la cancha descomponerse por el agotamiento del encuentro.
Hoy, parece que nuestro “casi” es emular ese papel de Carlos Tenorio, el Tin Delgado, el “Conde” Mora, el “Nine” y otros astros de hace exactamente 20 años. Pero en este Mundial no fue así, tras dos derrotas, un empate y un triunfo.
Las apuestas del aficionado tricolor eran positivas, con un equipo de estrellas internacionales, con estadios vestidos de amarillo y cantando el “salve o patria” a todo pulmón, pero con la decepción al final de cada cotejo por los resultados que dejaron mucho que desear, salvo el encuentro ante los alemanes.
Casi marcamos contra Costa de Marfil (0-1) y “capaz era otra historia”, rezaban los más fieles a la Tri, pero tres palazos ahogaron el grito de gol. Seguramente fue culpa del “saco de sal” presente en el estadio, también manifestaron los fieles hinchas, pues debió regresar al país a trabajar o, al menos, quedarse en su oficina de la calle García Moreno porque eso de trabajar no lo siente el aficionado futbolero ni el resto del pueblo.
Después, el partido sin goles contra Curazao —nación con menos habitantes que la octava ciudad capital del Ecuador (Loja)— fue un “papelón” dijeron algunos medios internacionales como Marca de España.
Y ante Alemania… el partido más interesante de la Tri en Estados Unidos: victoria 2-1 y pase a los dieciseisavos de final, con la fe intacta hasta que llegaron los dos “ganchos al hígado” de México en el Azteca.

Algo se curaron con el resultado contra los germanos los seleccionados ecuatorianos y compañía (Beccacece y Francisco Egas), pero hasta ahí nomás.
¿Y ahora? A esperar el centenario Mundial 2030, pero primero deben pasar la fase clasificatoria y después esperanzarse —otra vez— a emular la participación del 2026, cuando “casi” avanzamos a cuartos de final.