En este Gobierno las mentiras, las contradicciones y los despistes son parte sustancial de su forma de hacer política para ocultar su ineficiencia.
En el caso PROGEN, hoy rebautizado como caso Apagón, el ministro Roberto Luque se lava las manos y dice que su visita no fue institucional, que fue un paseíto a EEUU y que en su camino se cruzó una empresa que hizo contratos con el Estado.
La inefable Inés Manzano, de igual forma, dice que no tiene nada que ver con los contratos fallidos en los que el Gobierno regaló 100 millones de dólares a cambio de chatarra inservible que no generó un solo megavatio.
Por su parte, Antonio Goncalves se arrepiente de haber aceptado colaborar con Noboa y dice que lo están convirtiendo en un chivo expiatorio para salvar a los verdaderos culpables.
Y para colmo, Fabián Calero dice que es un santo y que deben beatificarlo, que él estuvo a punto de salvar al país de la oscuridad, pero que intereses de las altas esferas del poder hicieron de las suyas y no permitieron que se haga un contrato transparente y seguro. Es más, pide que se siga la ruta del dinero para dar con los mañosos del sector público.
A esta retahíla de mentiras y contradicciones hay que sumarle los relatos gubernamentales alrededor de los apagones, que intentan ocultar su ineficiencia con subterfugios para contener el malestar social.
Nos quieren despistar con su juego de palabras diciendo que no eran apagones, que eran cortes programados. Que eran racionamientos por temas de mantenimiento. Que todo se debe a la ola de calor que hay en la costa, Que todo es culpa de los conductores chumados que se chocan contra los postes y que las intensas lluvias también tumban postes.
Que esas son las causas de los apagones y no los problemas en los sistemas de generación, transmisión y distribución.
En el 2024 aseguraron que la reducción en la cota de Mazar era parte de un boicot en la que estaba involucrada la exministra Andrea Arrobo. Por cierto, hasta ahora sigue ese proceso judicial y no se ha comprobado tamaña acusación.
Las contradicciones con las que se despidió Inés Manzano del ministerio de Ambiente y Energía fueron la cereza del pastel. Un buen día, martes 14 de abril de 2026, a las 7h16, en una entrevista con JJ aseguró que en Daule se realizarían mantenimientos por lo que la población de ese cantón tenía que aguantar más apagones.

El descontento social se hizo viral y la misma ministra, a las 10h25, tuvo que recular de esa decisión y anuncio en su cuenta de X que se prohíben todos los mantenimientos.
Pero no todo gira en el sector energético o alrededor de estos politiqueros. Lamentablemente hay más, la despistada Irene Vélez, celebrando la reducción arancelaria para los skincare coreanos, y la vicepresidenta María José Pinto que se columpiaba escuchando música y que se paseaba por el museo Del Prado, mientras la gente clamaba por atención y medicinas en la red de salud pública.
Y en estos días volvieron a demostrar que su forma de hacer política es a través de las mentiras, contradicciones y despistes. Esta vez, alrededor del desabastecimiento de combustible. El flamante ministro de Ambiente y Energía, Juan Carlos Blum, dijo que no entiende por qué no hay combustible en las gasolineras del país si todo está normal en la refinería. Tres días después, el director encargado de la ARCH, Cristian Puente, reconoce que hay problemas de abastecimiento por el toque de queda y por el incremento en el precio de las gasolinas y diésel.
Y claro, para edulcorar la realidad tienen trols, medios digitales, medios tradicionales, opinadores y periodistas pautados, que hacen malabares discursivos para sostener la narrativa oficial que se desvanece en la realidad. A cambio de ese despropósito reciben jugosos contratos del Gobierno que, en 29 meses de gestión, ha gastado más de 32 millones de dólares en pauta.

El problema es que este tipo de acciones intencionales no siempre se pueden sostener con propaganda oficial por mucho tiempo, y tarde o temprano el pueblo se desencanta, es más, Noboa ya siente ese hartazgo en la disminución de los índices de la calificación de su gestión que ronda el 31%, según la última encuesta de abril de 2026 del CIEES.
Este es el cruel retrato de la indolencia que nos deja Noboa y sus ministros que aplican como forma de gobierno las mentiras, las contradicciones y el despiste.